Adriana Chaumont es un caso aparte, un ‘retro viviente’, con más de veinte años en el ambiente nocturno y televisivo. Hizo de todo y con todos, desde laburar con el Pato Galván, Petinatto y Sofovich, cantar en su propio grupo de cumbia o lanzar Eleven Sisters, su propia marca de ropa. Clásica de la noche.

Adriana Chaumont no es la más famosa en televisión, pero es una leyenda de los encuentros en vivo. Si saliste de noche, seguro la conocés.
Seguramente la tenés a Adriana Chaumont, quizás no de nombre pero de verla ocasionalmente en televisión, con esa carita picarona. O quizás vos sos de los que nunca olvidan un culo, en cuyo caso te la presentamos para que completes la ficha adjuntando la cara y nombre correspondientes. A pesar de que viene remando desde hace años para ubicarse entre las más famosas, a Chaumont las cosas le salieron para el culo, que siempre le robó los primeros planos. “Es que siempre todas las miradas están sobre mi nuca, y digo mi nuca para no decir otra cosa”, dice la morocha refiriéndose a su ojete. “Es una carga pesada, un sello que te ponen en la espalda. Hasta en el supermercado me dicen que me pagan la compra si les doy el teléfono.” No sería raro que los que le ofrecen garpar la tengan vista no de la televisión sino de Shampoo, un boliche de Recoleta que frecuentaba bajo el nombre de Raquel antes del allanamiento del ‘98. Cuando alguien que la conoció en la noche la ve de día, puede haber bardo. “Cuando son agresivos, me pongo mucho más agresiva todavía con ellos y les digo: nunca te alcanzaría ni con tu sueldo de todo un año para poder estar conmigo”. La morocha se pone agresiva, pero con su cachet, que naturalmente subió a medida que se iba haciendo conocida. Según cuenta Chaumont, su carrera en los medios empezó en 1986 (con lo cual éste es en realidad un post retro!) con Favio Posca en La Movida del Verano, pero el verdadero empujón se lo dió (cuándo no!) el Ruso Sofovich. “Estuve como secretaria suya en el ‘97 y fue muy polémico, porque se dicen muchas cosas de las secretarias de Sofovich”. Lo “polémico” era que el Ruso pasaba chivos con los lugares donde podían encontrar a Adriana, lo que explica el origen de los problemas actuales en lugares públicos. “Es que no puedo ir ni al supermercado de jean, el acoso es grande”, dice con su mejor cara de inocente. “Igual cuando voy a bailar, los tengo que correr con discreción porque sino algunos se ofenden y te insultan”. El pasado condena a la morocha, que ahora tiene que usar a su novio (una bestia de dos metros de altura) como guardaespaldas. “Mi novio es celoso, pero me apoya mucho”, dice la morocha y no es para menos con esa cola curtida por años de servicio en la noche porteña.

Una de las morochas que más pega con el arquetipo de la atorranta argentina, se tira sobre la mesa de pool y sin que nadie le indique ya sabe lo que tiene que hacer: levantar las piernas y mirar como diciendo “Estoy lista para un tacazo”. Clavale todas las bolas que puedas en esa tremenda tronera.

Una auténtica trabajadora, viene rompiéndose el orto hace años por la fama. Hoy llega a Notiblog retro.
Adriana Chaumont es la sexta de once hermanas, con las cuales compitió desde chica en una especie de entrenamiento para lo que sería el puterío farandulesco. “No salí lobizón por una”, dice la morocha, “de ahí me inspiré para sacar mi marca de lencería “Eleven Sisters”. Y claro, once hermanas deben haber sido un presupuesto a la hora de comprar bombachas. Imaginen lo que debe haber sido esa casa si todas las hermanas eran guerreras como Adrianita! Descontrol total. Su carrera siguió en Atorrantes con el Pato Galván, y luego como co-conductora del programa tropical de Hernán Mercaire. También fue stripper de Petinatto en Vivo, chismorreó con Marcelo Polino, hizo jodas con Juan Acosta y participó de Café Fashion. “No soy una mujer fatal, soy una trabajadora”, dice Chaumont y más vale que le creas, porque la morocha siempre combinó sus entradas televisivas con una salida laboral nocturna en lugares como Cato’s de Suipacha o Shampoo, Black y PlayWoman en Recoleta. Adriana se rompe el culo laburando, pero dice que en su vida privada la cosa es diferente. “Cuando hay amor no se actúa”, dice Chaumont separando profesión y vida personal. La morocha dice que cuando no trabaja “no cambio todos los días de personas, ni me disfrazo de mucamita o colegiala, para nada. Soy muy light con mi novio”. Light con el novio, pero heavy con otros, porque “a los hombres hay que darles lo que quieren”, dice Adriana como buena profesional, “porque en ese sentido trabajo todo el día como perra”. Ella misma lo dice señores (a confesión de parte relevo de prueba) aunque nunca entendió “porqué suponen que todas las chicas de televisión son gato” y dice por su parte “no soy stripper del todo”. Es que cuando hay talento con un poquito alcanza. “En la intimidad me encanta ratonearlos”, sigue hablando de los hombres en plural, “uso ropa interior diminuta y juego mucho con mi pelo”. Dicen que la práctica hace la perfección, y Chaumont sabe la importancia de no apabullar en la cama. “Ellos se imaginan que si los agarro los mato, pero en realidad soy así de fogosa en un cuarenta por ciento, el resto se los dejo a ellos”. Pero su fantasía como hincha de San Lorenzo es “hacer el amor en medio de un partido, ahí mismo en la platea”. Será cuestión de que alguna delegación de cuervos se la cumpla llenándole la canasta de goles, cantando “vení Raquel, vení con los muchachos…”.http://www.notiblog.com/category/adriana-chaumont/