Laura Viña demuestra porqué fue elegida por las logias secretas para ser la Reina de las Pampas. Una morocha con una fuerza arrasadora, con tetas y cola de acero. Nunca imaginó que iba a tener sangre azul (tragó tinta).

Laura Viña se agarra el orto y con buena razón, sabe que se la van a dar en cualquier momento. Con ese corset y cola less, la posición obliga.
Tendría que haberle hecho caso a Gardel, el tipo la cantó: “por una cabeza que justo en la raya afloja al llegar“. Qué clara que la tenía este guacho, recién ahora me doy cuenta que al Zorzal le debe haber pasado lo mismo en su época, pero ahora ya no valen los lamentos porque el daño está hecho. Pero tengo que calmarme y contarles la historia de mi obsesión, conspiración y tanguedia. Hace tiempo que estoy loco, pero re-loco, por Laura Viña, algo que seguramente no les va a sorprender al ver estas fotos. Es que yo soy un demente por las morochas, es una compulsión más fuerte que yo. A Laura no recuerdo cuando la vi por primera vez. En realidad me parece que tenía un ideal de morocha formado en la cabeza y cuando la vi a Laurita me calentó la pava de tal manera que me explotó el mate y se me voló la yerba a la mierda. Entró en mi vida con una fuerza que me costaba bajar a mi realidad de empleado del Banco Provincia, pensaba en ella mientras contaba billetes y después no me cerraba el arqueo de caja. A la mañana me despertaba y al pensar en ella temblaba, como mi tío antes de tomar su primer vaso de vino del día. Laura era una adicción que yo aliviaba buscándola infructuosamente por cabarulos, uno te dice que va a estar en un lado, otros te dicen que es tuya por un quinientos, pero después mandan bagartos. “Por una cabeza, metejón de un día, de aquella coqueta y risueña mujer” dice el tango, “que al jurar sonriendo, el amor que está mintiendo quema en una hoguera todo mi querer.” Me quemaba en la hoguera posta, y para aliviar la adicción empecé a juntar fotos de Laura Viña. Ahí fue cuando empecé a investigar, porque me llamaron la atención ciertos detalles de sus fotos que son minucias para el ojo no entrenado, pero de a poco aprendí a decodificar los símbolos.

Laura Viña exhibe su importante lomo y sus misteriosos tatuajes estomacales. La que no sabíamos es que tenía más tatuajes al sur de los otros, unos diseños que le cubren la zona del deforestado pubis. Una estética bien de viciosa, nos encanta.

El pulido cuerpo de Laura Viña, una morocha que no tiene miedo a nada, y menos a salir desnuda en shows eróticos.
No puedo dar demasiados detalles (para zafar después de la debacle cerré un acuerdo con el Opus Dei), pero basta con decir que los tatuajes que tiene Laura en el vientre son el escudo dinástico de la realeza argentina. Porque en la época de la colonia, cuando España todavía gobernaba en Holanda, hubo un pacto secreto para establecer un monarca europeo en las Provincias Unidas del Río de la Plata y reciprocar poniendo una reina rioplatense en Europa. Les suena Máxima Zorreguieta? Pacta sunt servanda dicen los masones, que cumplieron su pacto dos siglos después porque como bien sabía Gardel (que estaba también en la cofradía hasta que tuvieron que matarlo) 200 años no es nada. Máxima ya reclamó su condición de princesa en Holanda, y ahora le toca a su prima Laura ser princesa en el Río de la Plata. El problema es que la morocha todavía no tuvo el despertar psico-espiritual necesario para convertirse en reina de la Argentina, y ahí es donde las logias vinieron a requerir mis servicios como hombre de la noche. Cuando los masones y los del Opus me dijeron que mi misión era encontrarme con Laurita y hacerle bien el orto, pensé que era una joda para un programa de bloopers del Vaticano. Los masones se miraron y sonriendo con cara de mafiosos me explicaron que en el verdadero cuento de La Bella Durmiente trata de un beso negro en preparación para hacerle la cola, que es lo que en verdad la despierta como princesa. Ojo, hay todo un método, porque si culeás mal a la candidata al trono entonces se pudre todo y hay que esperar otros doscientos años para que reencarne y recién ahí reclutar a otro que le haga la perforación. Para no fallar, tuve que entrenar re duro, en prácticamente todos los quilombos, quecos, puteríos, piringundines y cabarulos a la vista. Les digo algo, es muy distinto coger de onda que hacerte profesional, nada que ver. Y las evaluaciones semanales con los maestros masones, ni les cuento, les llevaba las sesiones con putas en video y me analizaban los movimientos con el telebeam, y tenía que abrirles el orto con cuatro dedos y apuntar para que vea la cámara. Nadie dijo que encarar una misión secreta de descorche anal sea fácil, pero alguien tenía que hacer ese trabajo.

Atención con esta pose de Laura Viña, la chica muestra su apertura al mundo y las nuevas ideas. Un camión podría pasar por ahí tranquilo, para llenar el hueco necesitás un equipamiento industrial o que te entrene el Opus Dei en cómo darle.

En esta foto, Laura Viña nos deja ver sus pezones, que parece son cada vez de color más claro. Da la impresión de que va al dermatólogo de Michael Jackson.
El día clave llegó, y la magia masónica funcionó bien, los tipos arreglaron todo. Pasé a buscar a Laura después de su show y fuimos derecho a un depto de la logia (es de un pariente de Escrivá de Balaguer) en Avenida Alvear, un terrible bulo. Laura tenia el pelo alisadísimo, y realmente pintaba como reina de las Pampas. “Parecés la novia de Patoruzito”, le tiré mientras ella coloreaba el champán Crystal con cassis para lograr el Kir Royale requerido por el protocolo masónico. La noche fue perfecta, Laurita evidentemente también había estado entrenando porque el pete que hizo fue de locos. “Todas las locuras su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura”, dice Gardel y es verdad: Laurita se la tragó completa hasta masajearse la tráquea con mi balano (sin hacer arcadas ni morder con los dientes, una verdadera reina). Por mi parte, sabiendo que los masones estaban supervisando el encuentro desde la casona central del Opus en Amenábar y Virrey Olaguer y Feliú, cumplí con el protocolo estrictamente: le masajeé el peritoneo con el mango del látigo, bebí Kir Royale directo de su vulva y le sellé el ano con la cera caliente de la vela ritual roja. Laurita pronto estuvo lista para despertar a su nueva realidad de princesa, y seguir los pasos de su prima Máxima, que entregó la cola y se hizo princesa. Pero cuando llegó el momento de romper el sello de lacre que yo mismo le había puesto en la cola en nombre de la logia, sucedió lo impensable. La potra estaba lista, pero el pingo aflojo. Y Laurita Viña, a pesar del apoyo de las logias ancestrales, se perdió de ser la reina de la Argentina “por una cabeza que justo en la raya afloja al llegar“. fuentehttp://www.notiblog.com/category/laura-vina/