Mónica Antonópulos es una de las caras más “refrescantes” de la televisión, donde llegó hace dos años y desde entonces no paró de crecer. Tiene una combinación muy piola de modelo con buenos atributos pero sobre todo una mente rápida y con sentido “de la calle” que le da Mataderos, su barrio natal.

Mónica Antonópulos es de Mataderos, bien de barrio, pero también puede ser la más sofisticada. Una piel divina.
L a onda había sido relevar las opiniones de varias famosas para ver qué (carajo) quieren de los hombres, pero la inclusión de Mónica Antonópulos se robó el post, a pesar de que había otras chicas de peso. Es que la Griega tiene un carisma especial y además está bárbara, una combinación que le permitió ser modelo desde los 15 años. Pero a diferencia de otras ‘famosas’, la rapidez mental de Mónica le abrió las puertas a tareas más allá del modelaje, y le permitió laburar con Luis Rubio y Julieta Prandi en El Ojo Cítrico, desde donde pudo demostrar que no solamente es un rostro (o culo) bonito, sino que es una mina capaz y con mucha gracia para contar cosas. Las cosas se le dieron sin esfuerzo, naturalmente. “Un día fui a un casting, me hicieron una prueba de cámara y a los siete días ya estaba en la televisión”, dice Antonópulos, y quedó enganchada con la caja boba. “Mi meta profesional es seguir creciendo”, dice la morocha chispeante para, ‘abrir nuevas posibilidades, actuar o conducir”. Tiene una versatilidad inusual, como modelo, conductora, columnista y actriz, “pero mi verdadera pasión es la actuación”, según admite. Todo este desarrollo profesional le suena fantástico a la mayoría de la gente, pero no a su papá, un griego tradicional y muy ‘cuida’. “Tener un papá griego es como tener una idishe mame“, dice Mónica, “mi papá quería que yo fuera contadora y al menos puedo decir que lo intenté, porque estudié en la facultada dos años y medio”. Con su vieja está todo bien, y apoya la carrera de su hija “porque es lo que a ella le hubiera gustado hacer de chica”, dice la morocha, “pero a mi viejo, que es un griego auténtico, le costó entender que su hija no había nacido para los numeros ni tenía vocación universitaria — hoy está resignado”. Y nosotros estamos directamente embelesados. pero cuidado aquellos que sean enamoradizos y casamenteros, que la Griega Rebelde. Dice que el matrimonio no es para ella — es demasiado moderna a pesar del tradicionalismo de su papá griego. “No me imagino casada, porque no comparto la idea del casamiento”, dice suelta de cuerpo, “pero sí me gustaría formar una familia, tener hijos. La convivencia de todas maneras es un plan bastante lejano”. Pero se hagan la idea de que como Mónica no cree en el matrimonio es una cínica de cabeza quemada: todavía tiene suficiente inocencia como para, por ejemplo, creer en “en la amistad entre el hombre y la mujer”, porque “en realidad es la naturaleza la que manda, puede pasar que uno de los dos se sienta atraído por el otro”. Pero esa situación sexual la separa de la amistad, que según ella “existe cuando hay algo en común, no sexual, un interés sano”. Claro, por supuesto Moni. Relajate y dejalo en nuestras manos, vas a ver qué profunda es la amistad.

La morocha Mónica Antonópulos hizo dos años y medio de Ciencias Económicas, pero no se recibió de contadora como quería su papá griego. Mónica prefierió asistir a las clases informales de la universidad de la calle, que resultó un excelente entrenamiento para su voación artística al darle espontaneidad y rapidez barrial.

La Griega es una mina abierta, tal como indica el lenguaje no verbal. “Estoy preparada para todo”, dice Mónica y nos viene un escalofrío de anticipación.
Se define como una chica de barrio y es absolutamente cierto: nació en Mataderos hace 24 años, lo que le da esa onda que tiene de mina que conoce la calle, desenvuelta y sexy a la vez. Tuvo su oportunidad en televisión con Sin Código, hizo la famosa publicidad de Isenbeck disfrazada de burro y otras, es panelista de Acoso Textual y pone humor en Ojo con el Ojo. Y la morocha sigue y va por más: ya aceptó para hacer la temporada veraniega con Carlín Calvo y Pablo Rago en Extraña Pareja, una obra de teatro con producción de Javier Faroni. Y consiguió todo esto apenas dos años después de su debut, una cosa impresionante. “Es que no le digo que no a nada”, dice Mónica muy suelta como siempre, “el humor me encanta, y en Acoso Textual le encontré la vuelta para hablar desde mi”. La morocha se anima a todo, como cuando grabo Acompañantes, una serie de Endemol con Pablo Gianola, Nico Pauls, Marrale & co.). Según la cuenta la morocha, “me tocaron unas escenas complicadas con Pablito, como una en la que estamos desnudos en la ducha, pero zafe bien y quede conforme”. Pero Antonópulos es una mina bien lanzada, y contrariamente a lo que podés pensar, dice que lo complicado fue la actuación, y que estar en bolas con Rago era la parte fácil. “Lo que pasa es que el hecho de que vengo del mundo de la publicidad me quitó todo tipo de inhibiciones con mi cuerpo. Me cansé de posar en malla para que un productor me mire en detalle y me diga si tengo o no pozos en las piernas, asi que salir con poco o nada de ropa en una escena no me asusta”. Lo que preocupa a esta morocha Griega criada por un padre cuida es “hacer una escena creíble y decir mi letra sin trabarme o tragar cinco litros de agua al estar hablando debajo de la ducha”. Pero de las escenas jugadas dice que ya está curada, y como prueba ofrece un dato interesante: su primer beso de ficción se lo dió al Chueco Suar en Sin Código. “Así que como ven, estoy preparada para cualquier cosa”. Qué bueno Mónica, te estábamos marcando ese terrible ojete con nuestro ojo cítrico y eso de que estás lista para cualquier cosa era justo lo que queríamos escuchar. fuentehttp://www.notiblog.com/category/monica-antonopulos/